La verdad es que no sabía si escribir esta parte o no, porque no tenía claro que pudiera ser interesante, pero como parece que algunos tenéis ganas de leerla, me he animado a contaros lo que pasó el día de mi boda, después de todo lo que os conté la semana pasada (aquí, por si alguien no lo ha leído y no se quiere perder).
La boda era por la mañana, y desde luego esto de vestirse de novia es peor que vestirse de torero. Tienes que empezar como cuatro horas antes, nada menos. Me levanté con los ojos hinchadísimos, en plan mujer-tortuga, y casi me caigo de culo cuando me miré al espejo. Que yo pensaba “tanta estetisien y tanta preparación de la piel ¿¡para qué!?”. Me fui a casa de mis padres a arreglarme, y reconozco que estaba bastante nerviosa porque todo el teatro que había que montar me impresionaba un poco.
De hecho, desde que me casé estoy convencida de que una boda por la iglesia y con toda la parafernalia es una prueba de fuego. Os aseguro que si no llego a tenerlo clarísimo, habría salido corriendo mucho antes del día D (que por cierto, era realmente el Día D, ya que coincidía con el Desembarco de Normandía, “el Día D a la Hora H”).
Los preparativos tenían un orden que yo descubrí entonces, porque nunca se me había pasado por la cabeza preguntarles a mis amigas casadas cómo era ese día para ellas, ya que yo estaba segura de que a mí no me iban a pillar (qué inocente soy a veces…). El orden correcto era el siguiente:
- Ducha: Con crema hidratante después y mucho desodorante, no te vaya a abandonar en un día así. La crema a los 25 puede que no haga falta, pero a los 42, te aseguro que sí.
- Pelo: Vino una amiga a peinarme, y entre ella y su madre, y con un bote entero de laca y unas cien horquillas, me hicieron un moño chulísimo.
- Maquillaje: A la mujer-de-los-milagros le tocaba después, y ya lo creo que hizo un milagro, ríete de los panes y los peces, hasta yo me veía guapa :).
- Ropa interior: Color “blanco roto”, por supuesto. El equipamiento completo: braga, sujetador y ligas.
- Vestido: Se supone que se pone por la cabeza para que quede bien, pero yo no me atreví y tampoco veía claro por qué era tan importante, así que lo dejé en el suelo y me metí por el agujero. Y si me descuido me olvido de la enagua, que me faltaba algo y yo no sabía qué era. Por cierto, yo quería hacerme un vestido color vino de diseño tipo “Desayuno con Diamantes”, pero desde el principio me dijeron en mi casa que si-estaba-loca-o-qué, así que me fui a lo tradicional.
- Zapatos: Me tuve que comprar dos pares porque con el primero traté de andar diez minutos por la casa y no podía con mis pies, y como los había llevado al zapatero para que los metiera en la horma, ya no los pude devolver. El segundo par era perfecto, pero claro, ahora tengo dos pares de zapatos de novia casi nuevos (¿Por cierto, alguien se va a casar y usa un 39?).
- Velo: Me lo dejaba una amiga y era muy bonito, pero yo me vi con eso y pensé “¿Esa del espejo quién es?”.
- Ramo: Yo no sabía cómo llevar aquello, aunque viene bien para tener las manos ocupadas. Que digo yo que podrían hacer los vestidos de novia con bolsillos, ¿no?
- Colonia: No hay que olvidarse de la colonia. Y de las ligas de repuesto, eso también.
- Joyas: En mi caso, sólo unos pendientes de mi madre.
Creo que no me dejo nada. Todo el proceso duró más de tres horas, y la verdad es que enumerándolo todo ahora, ya no me parece tanto tiempo para todo lo que había que hacer.
NOTA: No tengo ni idea de si esto tiene interés para alguien. Prometo volver a mis “análisis profundos” desde el siguiente post ;).
Me casaba a las 12:30 y me recogían casi una hora antes, en un coche súper chulo antiguo descapotable, y con la excusa de que hacía mucho viento llamamos al dueño del coche, que era muy amigo de mi padre, y le pedimos que viniera con la capota puesta, porque nos daba muchísima vergüenza ir así por la calle. El trayecto fue un cachondeo, con los típicos gritos de“¡GUAPA!” y “¡VIVA LA NOVIA!”, que yo pensaba “bueno, con el disfraz éste, mañana no me conocerá nadie, así que lo negaré todo”.
Cuando llegué a la Iglesia, muy puntual, mi padre se bajó del coche y pasó de mí completamente, así que empecé a bajar yo sola, que entre el velo y la cola era jodido, no creáis. Eso sin contar con la vergüenza que me daba aparecer así, que yo estaba acostumbrada a estar en el otro lado, ¡no en el de la protagonista! :S
Pero… cuando vi a mi churri se me pasaron todos los males. Está feo que yo lo diga, pero lo digo: estaba guapísimo, eso lo primero. Y lo segundo y más importante: se le veía el hombre más feliz del mundo. Y esa felicidad le duró toda la boda, era increíble. Le conozco muy bien y sabía que tenía muchas ganas de casarse, pero de verdad que nunca he visto a un novio tan feliz y tan relajado. A novias sí, pero a novios no. Me contagió esa alegría, y creo de verdad que se la transmitíamos a los demás. O eso, o yo me estoy haciendo mayor y veo visiones :D. Fue el novio perfecto.

Después de este momento nostálgico, sigo… Mi padre no se creía que realmente me fuera a casar, no se lo esperaba y no lo veía claro por nuestros antecedentes, y hasta el último momento confió en que fuera todo una broma de mal gusto. Unos días antes de la boda, con la excusa de que él iba a hacer las fotos mejor que mis hermanos (cosa que no dudo, porque es un maestro y se había comprado una cámara más que profesional para la ocasión), me planteó si se podía librar de ser el padrino y que ocupara su lugar mi hermano mediano. Como yo no soy muy de convencionalismos, no me importaba, pero mi madre y mi futuro marido volvieron a salir con eso de si-estás-loca-o-qué, y el tema quedó zanjado.
El pobre lo pasó fatal, y cuando íbamos en el coche va y me pregunta “¿oye, yo tengo que comulgar?. Aclaro en este punto que mi padre es el más creyente de la familia (por no decir el único), y como a mí me daba igual, le dije “lo que tú veas, pero avisa al cura para que no se quede esperando”. Total, que cuando estábamos a punto de entrar a la iglesia, con el cura ejerciendo de maestro de ceremonias (os recuerdo que es de OPUS), va y le dice “Padre, yo no voy a comulgar”. La cara del cura fue todo un poema y quedó inmortalizada en el vídeo.

En contra de los deseos del cura, hicimos la versión corta de la boda, que aún así a mí me parecía larguísima. Eso de “yo te quiero a ti como esposo, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo”, a mis amigos de toda la vida les llegó al alma, no se lo podían creer (eso a los que no estaban en el bar, que los del bar espero que fueran muchos, fieles a nuestra costumbre de ver entrar a la novia y marcharnos a tomar una cerveza. Aunque verme a mí en el altar tenía guasa, y me temo que la mayoría se quedaron hasta ese momento). Tuve un pequeño percance porque yo no había comulgado en treinta años, y ya no me acordaba de que había que decir “Amén” justo antes de comulgar. Menos mal que el novio se dio cuenta y me sopló en plan apuntador, que si no el cura se habría quedado esperando un buen rato. ¡Qué mal lo pasé ahí delante, madre mía, lo que hace una por amor!
Mi hijo llevó los anillos, y lo hizo fenomenal, es un recuerdo de los mejores. Se me escapó alguna lagrimita de la emoción, lo confieso.
Lo del arroz fue divertidísimo, no sé por qué hay gente que lo prohíbe, pero eché de menos la traca, ¡a nadie se le ocurrió llevar una! :P. El paseíto en el coche hasta el convite fue la pera, con la gente saludando y gritando “¡VIVA LOS NOVIOS!”, aunque como yo ya tenía costumbre, iba saludando a todo el mundo, en plan “Bellea del Foc” (de verdad, ver para creer…), y el churri en plan Príncipe, como si lo hubiera hecho toda la vida.
La entrada al convite ya la sabéis, La Marcha Imperial de Star Wars, impresionante, la gente se quedó bastante alucinada. Y a partir de ahí, todo rapidísimo, de repente eran las siete y nos echaban. La gente bailó, cantó, rió, …, no sé, tengo un recuerdo increíble de ese día. Junté a mi familia, una parte de Valencia y otra de Lugo, a mis amigos, a los de mi marido, a compañeros de trabajo, a gente que de no ser por la boda no habría visto en años, o quizá nunca. Y sobre todo, estaba todo el mundo contento, solo recuerdo sonrisas de oreja a oreja.
Como despedida del convite nos hicimos las chicas la típica foto de todas nuestras bodas enseñando pierna, con el novio en medio, y los no-diré-qué de mis amigos cantaron por centésima vez una bonita canción dedicada al churri, que justo después del viaje de novios se marchaba dos meses a Sudán. He intentado colgar aquí el famoso “Me voy a Sudán”, cantado por la mayoría de los invitados, pero no he sido capaz, lo siento... :)

Tampoco faltó la tradicional foto de pantalones bajados (que todavía no he podido conseguir, por cierto), y aprovechando un descuido mío, los no-diré-qué de mis amigos me hicieron el “hombre mosca” en versión femenina. La gracia consiste en subir al novio entre todos como si lo fueran a mantear, y hacer que ande por el techo cual mosca. Es algo tradicional que hemos hecho en todas las bodas, y como la mía era la última, y además una sorpresa, algo así como el hijo ese que llega de rebote y se lleva quince años con el anterior, no me libré. No tengo foto del acontecimiento, aunque tampoco sé si quiero tenerla… :P. Aclaro que me tocó porque entre mi grupo de amigos, a los veintitantos años las salidas nocturnas eran de muchos hombres solteros y yo, y las novias fueron llegando después, así que yo soy “uno más”, de ahí que me correspondiera el honor de ser la primera novia-araña de la historia.
En su descargo diré que también me cantaron una canción improvisada para el momento, con la música de Rosana, de Los Diablos (aquí), y que me hizo mucha ilusión:
Susana, Susana
Se ha casado esta mañana
Ante Dios y ante los Santos
Toda vestida de blanco
Susana, Susana
Se ha casado esta mañana
Susana, Susana
Quien se lo podía imaginar
Cuando nos echaron de allí, como estábamos en el Puerto de Alicante, nos fuimos todos a seguir con la fiesta en el bar donde nos habíamos conocido mi ya marido y yo, El Coyote. De ahí recuerdo lo mismo: mucha alegría, muchísima. Y después nos fuimos a cenar, todavía quedábamos unos cuarenta supervivientes, ya derrotados, pero aguantando, y a las doce de retiro, cansados pero felices.
De la noche de bodas solo diré que había una ducha impresionante “con vistas”. No con vistas al mar, no, con vistas a la cama. O sea, que la pared era de cristal, así que veías al otro ducharse como si estuvieras viendo la tele. ¿A que mola, eh? Lástima que solo teníamos esa noche, y no está uno para muchos trotes después de un día tan intenso ;).
Total… Que yo que tantas veces había dicho que no entendía la necesidad de casarse por todo lo alto, reconozco que para nosotros fue un día difícil de olvidar y una forma perfecta de empezar una nueva etapa después de todo lo que nos había pasado. No sé si sería capaz de volver a organizar una boda, pero sí sé que me volvería a casar con mi marido con los ojos cerrados, las veces que hiciera falta.
Os dejo con la canción que pusimos para cerrar le baile, Cadillac Solitario, de Loquillo: