Escalofríos me dan solo de pensarlo… 14 de abril, la República… ¡y mi cumpleaños! Los cuarenta hace tiempo que no los cumplo, ya son cuarenta y cuatro. Y duelen, la verdad es que duelen, sobre todo porque yo me veo igual por dentro (incluso mejor), pero no por fuera. Vamos, tampoco es que necesite grandes retoques, pero ahí están los años. Si mi madre me lee me dirá “Nena, no le recuerdes a tu marido la edad que tienes”, “Mamá, ¡como si no lo supiera!”, “Da igual, tú hazme caso”. En fin, de eso tendremos que hablar un día de estos (vosotros y yo, quiero decir), de la edad, si importa o no importa.
Hace un año os conté lo que nos pasa a las mujeres a los 40. Madre mía, la de cosas que nos pasan…, tuve que hacer dos entradas: esta y esta otra. Me reí mucho escribiéndolas, nada como reírse de uno mismo para superar las desgracias, pero releyendo aquello veo que casi todo lo que conté era malo, así que este año voy a ser más positiva, que no se diga. Venga, vamos allá… ¿Qué cosas buenas nos pueden pasar a las mujeres a los cuarenta y tantos?
- Podemos mejorar con la edad. Ser “mayor” no tiene por qué querer decir estar peor que a los veinte, ni mucho menos. Y lo digo convencida. Seremos menos jóvenes, pero no tenemos por qué ser menos interesantes. La madurez y, sobre todo, la experiencia bien aprovechada, nos dan una seguridad que se refleja en la cara. Ya no solo hay “maduritos interesantes”, también hay cada vez más “maduritas interesantes”. Y esto vale a los 40, 50, 60…
Sabemos lo que queremos, o al menos sabemos lo que no queremos, que no es poco.
- Podemos encontrar al hombre adecuado, aunque hayamos tenido malas experiencias, o seguramente por haberlas tenido. A los cuarenta sabes lo que quieres y lo que no, vives sola por elección propia, porque “mejor sola que mal acompañada”, y si decides compartir tu vida con alguien es porque merece la pena. Pero lo que es mejor: si no llega a funcionar, sabes que no es el fin del mundo.
- Y hablando del hombre adecuado, ese hombre puede ser más joven que tú, ¿por qué no? Muchas amigas de cuarenta me han comentado ya que les gustan más los de treinta que los de cuarenta, que se sienten más identificadas con ellos, que los de cuarenta son muy “mayores”, sobre todo de espíritu. La verdad es que el tema da que pensar, ¿no? Yo no lo comparto, creo que lo importante es la persona, que la edad se lleva dentro, aparte de llevarse fuera, pero las cosas han cambiado, y lo cierto es que una diferencia de edad de diez años sigue resultando chocante, pero ya no es un escándalo.
- Podemos tener hijos sin que nos miren como a bichos raros. Algunas locas de remate como yo decidimos volver a empezar a los cuarenta y tantos, y doy fe de que no es mucho más duro que a los treinta, pero sí se disfruta mucho más y se tiene más paciencia.
- El sexo es mejor a los cuarenta. Ya lo dice el refrán, “gallina vieja hace buen caldo”. He repescado esta noticia que habla del tema: “Las cuarentañeras arrasan en la cama". Según un estudio, “La vida sexual de las mujeres mejora con la edad. Y es a los cuarenta cuando alcanza su punto álgido. Según los expertos, las mujeres saben mejor lo que quieren y tienen una mayor confianza en sí mismas al llegar a esta edad”.
En cuanto a las cosas malas, casi todas relacionadas con el físico, qué os voy a contar… Pues que siguen igual. Tampoco es que esté yo muy pendiente, más bien intento no mirar mucho, porque ¿para qué? Lo que se cayó hace tiempo, ya no se levanta. Lo que se arrugó, ya no se alisa. El pelo blanco no se colorea. Los kilos no se van solos. Las alas no se contraen.
El consuelo es que hay pocas desgracias nuevas. Yo hace unos meses descubrí una: se arrugan las orejas. Hay que joderse… Sí, lo descubrí en un ascensor. Es que los espejos de los ascensores y de los probadores son criminales, yo creo que las luces esas las eligen hombres que odian a las mujeres, no me lo explico. Yo me he “desembarazado” hace menos de un mes y creo que me voy a comprar la ropa por correo hasta que adelgace diez kilos, por lo menos.
Así que decidí ponerme crema en las orejas cada vez que me pusiera en la cara. Para quien no lo recuerde, ya sabéis: hay que ponerse crema en la cara, en el cuello, en el escote para la piel de pollo, alrededor de los ojos, en el labio-labio y encima del labio, en el cuerpo, en las manos, en los pies… y creo que no me olvido de ningún sitio. Y no puede ser la misma crema en todas partes, eh! Ni la misma de día que de noche, que no me entere yo… Pues a esa lista le añadís las orejas. Vale… confieso que solo me he puesto crema en las orejas tres o cuatro veces, va… Y que últimamente me compro las cremas en Mercadona, que son baratísimas y me da que hacen el mismo efecto que las otras. Veis, otra cosa buena que tiene la edad: te vas gastando cada vez menos en cremas J.
El caso es que hay una cosa que quiero probar, lo he descubierto esta mañana leyendo el periódico, y aunque me ha recordado al invento de las fajas para alas (aquí), por lo surrealista, yo esto tengo que probarlo: “El sujetador antiarrugas”.

A que mola, ¿eh? La verdad es que he tenido que leer la noticia para entenderlo, porque así por la foto me parecía más un artilugio de sex-shop o una camiseta puesta al revés, con la espalda delante: “El sujetador antiarrugas es un sujetador de noche sin copas que mantiene el pecho en su lugar durante la noche. Las mujeres que duermen de lado, descubren arrugas verticales en su escote cuando se despiertan, causados por la opresión de los pechos uno contra el otro mientras se duerme. Estas arrugas empeoran y finalmente no desaparecen del todo. La Decollette previene estas arrugas y hace que las ya existentes desaparezcan, según han demostrado las pruebas de CERCO”. Curioso, ¿verdad? Eso sí, el churri se puede descojonar si me ve con eso puesto, pero yo lo tengo que probar.
En fin, que cumplir años no es tan malo, ¿no? Y al fin y al cabo, la alternativa es muchísimo peor, así que mejor vamos a por los cincuenta con buena cara.